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miércoles, 3 de octubre de 2012

EL CÁNCER NO MATA


A sus 16 años, Jennifer tuvo que enfrentarse a la Leucemia Linfoide Aguda, y su familia a padecer el laberinto de trámites para que la pudieran atender. Lo primero fue convencer a la EPS de darle a la niña como médico tratante un oncólogo pediatra, ya que entidad se oponía porque quería tratarla como a una adulta (sin pediatras) dada la avanzada juventud de Jennifer. 

Ahora el problema era lograr autorizar el traslado de la paciente a una ciudad que tuviera al profesional médico con las dos especialidades.

De esta manera Jennifer y su madre llegan a un hospital infantil de la ciudad de Medellín.  Sin embargo la EPS nunca ha querido asumir los gastos de traslado y hotelería, a pesar de la insistente solicitud de la familia, pues ellos entienden que el sistema de salud si contempla ese derecho, según sentencia de la corte constitucional No. T-062 de 2006:

“La Corte al considerar que no solo es necesario garantizar el acceso a la salud como derecho que es, sino también asegurar la accesibilidad a la prestación del servicio de salud,  en oportunidades  ha ordenado a la EPS o ARS obligada, la prestación del servicio de trasporte del enfermo y de ser necesario de acompañante, ante la comprobación de las circunstancias de pertinencia, necesidad y urgencia de la medida, así como las condiciones económicas de los sujetos involucrados, es decir, del paciente y de sus familiares, como puede establecerse en las sentencias T-197 y T- 350 de 2003 (…)”.

El problema mayor ha sido que autoricen las órdenes médicas, pues al ser de alto costo (según el literal a. del artículo 17 de la Resolución 5261 de 1994), les ponen más trabas. Y otro problema es que una vez autorizadas, la EPS le cobra copagos muy costosos, a pesar de que esta enfermedad ésta exonerada, según la norma:

“Acuerdo 260 de 2004, Artículo 7º. Servicios sujetos al cobro de copagos. Deberán aplicarse copagos a todos los servicios contenidos en el plan obligatorio de salud, con excepción de: 4. Enfermedades catastróficas o de alto costo”.

La EPS ha insistido en asignarle a Jennifer un oncólogo de adultos, para cambiarle definitivamente a médico tratante pediatra, ya que así puede dar por terminado el protocolo médico, y no tener que autorizarle más órdenes médicas, ya que el tratamiento de cáncer para niños es más costoso. Hubo que tutelar para que el Juez de tutela hiciera respetar al médico que había elegido la paciente, por encima del impuesto por la EPS, como lo determina la Corte Constitucional en la sentencia T-344 de 2002: 

“La jurisprudencia constitucional ha señalado en repetidas ocasiones que el criterio al cual se debe remitir el juez de tutela en estos casos es la opinión del médico tratante, en cuanto se trata de una persona calificada profesionalmente (conocimiento científico médico), que atiende directamente al paciente (conocimiento específico del caso), en nombre de la entidad que le presta el servicio (competencia para actuar en nombre de la entidad). Esa es la fuente, de carácter técnico, a la que el juez de tutela debe remitirse para poder establecer qué medicamentos o qué procedimientos requiere una persona.”

Ahora que Jennifer ha cumplido su mayoría de edad, la EPS tiene nuevamente la excusa para quitarle finalmente su médico tratante y negarle todas las órdenes médicas que éste le ha dado, y ni con tutela ha sido posible convencer a los Jueces de que la EPS debe respetar la continuidad del tratamiento y de la relación médico-paciente, pues ellos entienden que ahora que Jennifer es adulta, le pueden quitar el pediatra-oncólogo, con la nefasta consecuencia de interrumpir (y terminar) el tratamiento.

Hoy Jennifer ha comprendido una amarga verdad: que el cáncer no la matará si no los trámites. Pareciera que la administración del sistema de salud caminara en dirección opuesta a ciencia (y tecnología) médica.

sábado, 13 de junio de 2009

Status Quo

Mi amigo Eduardo me platicaba que el gobierno estaba investigando a todos los sindicalistas por pertenecer a grupos guerrilleros. ¡Que ganas tuve de contestarle que los sindicalistas me parecían los rebeldes más inofensivos que tenía el Estado!...ellos sólo tratan de conseguir mejores salarios, pensiones y condiciones laborales para mitigar sus necesidades. Si fueran subversivos aprovecharían las “Convenciones Laborales” para crear su propio sistema educativo en lugar de pedir becas para las universidades del establishment; crearían sus propios hospitales y evadirían las EPS; ya no comprarían la ropa en los almacenes de cadena sino que volverían a la modistería del barrio para que el dinero no se devuelva a las arcas insaciables de los oligarcas, en lugar de quedarse en el pueblo.
El aparente dinamismo de las huelgas, pliegos, convenciones, marchas, carpas, no permite apreciar –por miopía- que sólo se lucha por satisfacer las necesidades que el mismo gobierno les ha creado (aumentos, primas, el crédito, el automóvil, el préstamo hipotecario, la universidad, etc.), y que terminan perpetuando las formas de represión... “Y la reproducción espontánea, por los individuos, de necesidades superimpuestas no establece autonomía; solo prueba la eficacia de los controles.” decía Herbert Marcuse. Entonces, si las águilas supieran de política –o dialéctica- deducirían que no eres un subversivo, mi querido Eduardo.

martes, 17 de julio de 2007

LA OTRA IMPUNIDAD

La señora Nidia Tejada padecía cáncer, y como su EPS nunca le inició tratamiento alguno, decidió trasladarse. En su nueva EPS la atendieron hasta que el sistema la identificó como una paciente de alto costo, entonces la retiró con el pretexto que debía reiniciar el proceso de traslado. Lo cierto es que una vez otorgada la afiliación, el derecho a la salud se torna irrenunciable; pero antes de iniciar demanda alguna, Nidia murió.

En los registros forenses será una ‘muerte natural’...para las estadísticas Estatales una ‘muerte no violenta’...para las EPS será un trámite administrativo para archivar...mientras, los médicos corearán la retahíla “hicimos todo cuanto estuvo en nuestras manos”...y así todos diluirán su responsabilidad porque ‘sólo estábamos cumpliendo órdenes’. Y finalmente, a nadie le importará la muerte de la señora Nidia Tejada, porque ella era una ciudadana más, un civil, que tuvo la desgracia de no ser considerada un objetivo militar, porque de serlo, hubiera acaparado la atención de los medios, la iglesia, las ONG y hasta del mismo Estado. Y mientras estemos en medio de esta guerra ‘no declarada’, al Estado poco le importarán los dramas que impotentes soportamos los que ‘no somos objetivo militar’…lo mismo hace el resto de compatriotas, que en medio de este escenario bélico, fijan su atención –al igual que el Estado- en los desplazados, en los secuestrados, en los soldados y en los civiles heridos o muertos en ataques terroristas o en las tomas a los pueblos, o en las fosas paramilitares.

A pesar de no ser objetivo militar, es innegable que contra Nidia Tejada se ha ejercido una violencia, como sobre muchas otras personas. De ahí que los médicos forenses cuando registran una muerte “natural”, han acuñado el término de ‘muerto por la Ley Cien’, porque en realidad, fueron seres destruidos por el sistema de salud: y esa es otra forma de la violencia Estatal. Ya que es con el aval del des-Gobierno, que las EPS han convertido el sistema de salud en una industria de horror, contra la cual nadie ha pensado siquiera enfrentarse.

Por eso ya no importa siquiera calcular cuantos han muerto, o cuantos sobreviven (con secuelas), porque de todas maneras, para este sistema de salud, no existen muertos, sino índices de morbi-mortalidad...y no existen seres humanos, si no cotizantes.

Por Giovanni Vargas

jueves, 14 de junio de 2007

Los Técnicos

Despreciaba a esa secretaria –por ser de esas que mata mientras sonríe-, y ésta me regalaba una sonrisa mientras me negaba una atención médica dizque porque no estaba contemplada en mi plan de salud, pero sabía que de no ser ella, el sistema (la EPS) habría encontrado a otra para hacer lo mismo. Le aborrecía porque había escogido colaborarle al sistema, y yo estaba del otro lado…pero también al mismo tiempo me daba lástima porque sabía que era honrada y que lo hacía por conservar un empleo.

Quise explicarle que estaba engañada, para darle la oportunidad de volver sobre su negación, advirtiéndole que eso no se hace tan automáticamente, que tenía que considerar las consecuencias sobre la salud y la vida de las personas…

-Escuche señorita, yo se que usted cree obrar bien, porque le enseñaron que: ‘esa es la ley, aunque no nos guste’. Pero se equivoca, porque su negación no le trae bien a nadie si no al sistema. Y recuerde que pacientes somos todos: tanto usted como yo, y también su hijo, mis hijos… ¡el sistema nos condenó a todos!

-Yo no puedo hacer más, entiéndame que no es nada personal, pero si quiere, dirija una queja a la oficina de reclamos –me dijo secamente y sin dejar de sonreír-.

Yo se que su quehacer no era buscar a quién hacerle daño, sin embargo parecía no (querer) entender el mal que estaba haciendo. Hubo épocas en que las personas discutían, y hasta se mataban por un color (de partido político, de equipos de fútbol…), pero ahora la política empresarial de la eficacia impuso otra forma de reñir con nosotros. Si al menos nos odiaran, tal vez intentarían hablar con nosotros, aunque sea para reprocharnos algo, pero nos consideran tan poco, que nuestro único defecto es que nos enfermemos… ¡porque mientras no nos enfermemos, todos ustedes reciben dinero por nuestra salud! –le contesté exaltado-.

Y con la mayor cordialidad me cortó: -Mire, yo no voy a discutir con usted, por favor quéjese en la oficina de reclamos y déjeme atender a los que están en la fila que llevan mucho tiempo esperando y que también tienen problemas como usted.

Sentí que era absurdo reclamarle a quién no escucha, ni razona. Antes nos matábamos por odio y desordenadamente, hoy nos mata el sistema –a través de sus ‘empleados’-, sin asomo alguno de dio, pero con método, y ella era una secretaria muy disciplinada y se merecía un escarnio por su cobardía. Así que finalmente salí de la fila, no sin antes replicarle: “Ustedes ya no son humanos, son técnicos”.